Raphael de la Madrid, Ricardo

López Obrador: de la polarización a la reconciliación

El personaje público de Andrés Manuel López Obrador contiene sustancias políticamente inflamables. Cuando se le menciona en una conversación informal, los ánimos arden con facilidad. O bien se le venera o bien se le teme y detesta. No parece haber matices, ni equilibrio posible: se es o no lopezobradorista, punto final. Este contexto asfixiante vuelve ingrata la tarea de caracterizar al personaje. Poco importa lo que se argumente porque, en este ambiente nocivo, los razonamientos pierden fácilmente autonomía, mérito y atributos para ser atraídos hacia uno de los dos polos gravitacionales. Sin embargo, vale la pena intentar aproximarse a este personaje con más juicios que prejuicios, con mayor parsimonia y menos grandilocuencia, en fin, poniendo en juego más razones y menos emociones.