Errores, torpezas, arrogancia /
Álvaro Delgado y Alejandro Gutiérrez
Basta que un acontecimiento adverso involucre a la Presidencia para echar a andar una maquinaria de justificaciones que ya no da para más, excepto para las diarias declaraciones triunfalistas. No fue distinto en el caso del siniestro en que perdieron la vida los responsables de la seguridad pública del país, Ramón Martín Huerta y Tomás Valencia, plagado de desaciertos. La ineptitud atrofia el accionar gubernamental y rebasa a todo el aparato público, con saldos devastadores.